lunes, 3 de mayo de 2010

El secreto de sus ojos.

Magistral. Una obra grandiosa de la cinematografía latinoamericana.
La estructura narrativa es fuerte, cada detalle no se deja suelto, con una fluidez pocas veces apreciada en precisión y genio. Rica en figuras y semiología cinematográfica.
Grandiosa, una cátedra visual de cómo se hace buen cine. Cada imagen esta puesta por una razón determinada sin desperdiciar ni un segundo en balde de metraje.
La miré como niño pequeño ante un magnífico espectáculo, el plano secuencia sobre el estadio de fútbol y los quince minutos finales son impresionantes, delicia visual, la cereza sobre el pastel.
Es tan riquísima en su contenido, simple en su andar, tan profundo su mensaje; llevo años sin pasar varios minutos tras terminar una película digiriendo la belleza de lo que recién acababa de presenciar.
El guión es el pilar poderoso que sostiene toda esta catedral, Juan José Campanella y Eduardo Sacheri hicieron que los odiara de la envidia, bárbaro trabajo, maravilloso. Merecen mi ovación de pie.
Esta producción ha entrado entre mis favoritas, por mucho, por su belleza, estética y sobre todo por la historia tan increíblemente bella.
La recomiendo para todos los cineasta (wanna be) que hay por allí afuera, y guionistas, para que sientan como yo qué es ponerse verdes de la envidia y al final quedarnos con la boca abierta ante esta genial creación. No tiene Chompipes, es perfecta, simplemente perfecta.

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3 comentarios:

PEPE CAHIERS dijo...

Yo creo que es impresionante como se fusionan el amor y la intriga, hasta tal punto, que la protagonista del film no sabe en dos ocasiones a que se estan refiriendo. Ese final es tan justo como inquietante. Magnífica película.

LA GUARIDA DEL EREMITA

P. Vargas dijo...

Puña mae, para que usted se raje en tantos halagos, voy a tener que verla, saludos!!

Anónimo dijo...

Me pareció una magnífica película. Es un texto formidable, donde se conjugan las mejore materias primas, logrando conmovernos hasta lo más profundo. Una muestra de que los latinoamericanos, sí podemos hacer buen cine.
Patricia Esquivel